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Esquelas oscuras

Se estancan los segundos en mis pupilas,
una noche de humos apresados
en redes de espacios vacíos,
incompletos de sustancias amargas.
Duelos de esperanzas post fechadas,
de quieros postergados en suburbios.
Mis manos temblorosas elevándose a la noche,
aferrando al aire como al último aliento.
Las líneas convulsionan en el suelo
y dibujan torbellinos inescrutables.
Andamios de suspiros elevándose
desde mis labios hasta la nada,
buscando la salida a este deterioro
de pieles rasgadas de llanto.
El frío agrieta mis labios
y se escapan por mis poros
las sonrisas muertas de espanto.
A través de la ventana,
una sombra negra entra y me mira,
escudriña mis manos
y se posa al borde de mi cama,
robando la última luz
que agoniza entre las sábanas.
El resplandor de un amanecer
que se mueve tres pasos atrás
cada vez que el viento lo mece.
Cantos desesperados acechando
en los rincones inconclusos
de una vida que se arrastra
entre polvos y arenas desérticas.
Muecas en los relojes taciturnos,
espejos que me repiten voces
que llegan de todos los puntos
y convergen en el silencio impuro
de esta noche que se avejenta
en las esquinas de una casa
que se habita a sí misma,
mientras mi piel se mimetiza con el aire.

Y la sombra...

... la sombra duerme conmigo en la cama...

Enredaderas púrpura y humo



Yo asumo la brecha entre mis manos y tus ojos,

descuento la lejanía que me secuestra las almohadas
y me busco la soledad entre los dedos y sus marcas.

Un sigilo me viene de madruga cuando desentonan mis sueños
y quedo retenida en la bruma de las horas que se apagan en las pupilas lejanas,
que cierran mis sueños y me exilian al desamparo de una cama fría y deshabitada.

No soy la sombra tras tus huellas que, en suspiros maníacos,
sigue esa línea zigzagueante que es el recuerdo de ese pasado siempre presente
que me brinca entre anhelos desilusionados cuando llamo a tu ventana.

La orilla de la habitación termina en tus ojos
y más allá de ese salto a la nada quedo sumida en erráticos pensamientos
todos bordados por manos ciegas que se contraen al repetir tu sonrisa.

Es aquí la bastedad de un segundo que ya no es cuando lo miro de frente,
donde se juntan las esquinas asfixiadas que no pasan por tu cuerpo,
y ¿qué más había, sino esta sed eterna de llantos que no se consuman?

Voces, vienen y se van siempre, como miles de luciérnagas equivocadas,
esos gritos que se estrellan en la pared muda de enredaderas púrpura y humo,
que se roba la sinfonía de las risas que, entre ironías, destilan oscuras lágrimas.

Me acuso de infame, de alargar mis protestas hasta más allá de mis fuerzas,
de detenerme al filo de ese error sin vuelta de hoja al que nunca tuve derecho,
de mirar los espacios vacíos con ternura de hoja marchita sobre palmas cerradas.

Dejo las visiones disecándose entre tus labios
para robarle al sollozo su último gesto desgastado del marco de mis cielos apagados,
vago entre las prisas del tumulto amorfo que camina en este mar urbano de olas indecisas.



Nos urge un milagro

Podríamos dejar las cáscaras de las manos tiradas sobre el mantel, y bajar a las alcantarillas a rescatar cuatro o cinco estrellas.

Olvidar el comienzo de la historia y remover los espejos de las heridas, arrancarle un suspiro al reloj de la sala y dormir una siesta entre las espinas del ocaso.

No contemplar por una vez la miseria de mis manos en puño, o cortarle las alas a los errores perfumados, salir corriendo de la costumbre y desantenderse la tristeza.

Habría que volcar los pasos en la misma cesta y cerrar la máquina devoradora de sonrisas, ser sin el intento a medias, y darnos la mano y la yugular en un beso que nos rompa los labios.

Instalarnos en el borde una sombra desteñida y colocarle un marcapasos a la vida, retraerse en los rincones y ser locos y suicidas.

Andar por la gravedad con prisas de tocarnos la piel, ser la excusa perfecta para morir en una caricia, detener los cerrojos a media vida y cancelar las auroras, estamos a tiempo todavía.

Busquémonos bajo las uñas los vestigios de la alegría o detengamos los cronómetros que marcan la salida hacia la resignación.

Bombardeemos las murallas, vaciemos el miedo que nos pesa en los hombros, caigamos al piso de la mano... hallémonos la luz...

Nos urge un milagro...


Mile

Preámbulo



Tus manos palpando
los horizontes húmedos
que definen los bordes mi piel.

Ardiendo, las sábanas
se empañan con los vuelos
jadeantes de golondrinas furiosas.

Cae el peso de tu deseo en mi espalda
y de pronto se inundan los cuerpos
de gemidos entrecortados.

Velos de caricias que estremecen
los mantos de la dermis
abriendo caminos de saliva y sal.

Fuga de temblores que recorre
las cumbres de pasiones inaplazables.

Tu aliento, mi cuello...

Agitación en los sentidos,
preámbulo de sustancias
que se derraman entre las manos.

Urgencia de labios que se buscan,
voces que se ahogan entre besos,
dos cuerpos que se hallan.

El prodigio del sudor
que baja lento,
casi agonizante,
por nuestras ansías en conjunción.

Placeres incontenibles en la mirada,
anticipos de la gloria de la consumación
vertidos sobre la cama
que nos atrae hacia
el centro inexplorado
de un todo forjado
en el fuego inacabable de tocarnos.

Homenaje Póstumo

A J.V.N. por lo que fuimos y no fuimos, por lo que no vamos a ser... por estos once años de nada y de todo...


Se me han muerto los ojos y los pasos,
la cotidiana agonía al fin se acaba,
se marchan las sombras de mis ojos
y quedo sin banderas para agitarle al tiempo.

Se me han muerto la piel y la sonrisa,
el punto final ha sido consumado,
las esquinas rotas ya no suspiran
y el viento se fue buscando mi fantasma.

Se me han muerto las ganas y el anhelo,
sobre el borde de lo fui no quedan segundos,
el manto negro me cubre los pies
y el polvo se aleja de las lágrimas.

Se me han muerto las fuerzas y las manos,
en la mancha que cabalgaba la luz
sólo hay un resto de melancolía
y las huellas desmienten mis días.

Se me han muerto las caricias y los temblores,
el rumor del olvido grita fuerte esta noche
en el fondo de mis tristes sienes atormentadas
y el frío entra hasta al alma inclemente.

Se han muerto los gestos y las promesas,
todo el vacío se arrincona en mi lecho
lleno de cicatrices con figuras exactas
y la mañana ya no es un buen augurio.

Se me han muerto los ojos y los pasos,
y la piel y la sonrisa, y las ganas y el anhelo,
se me han muerto las fuerzas y las manos,
y las caricias y los temblores, y los gestos y las promesas.

Señores... he muerto.


Agonía




Veo al tiempo moverse,

caminando en esa calle que se bifurca
entre el desamparo y del dolor.

El eterno asesino de ilusiones
llora lento con espasmos comprimidos.

Agita derrotado su bandera blanca,
en su otra mano hay un abismo insondable
que ya no le cabe en la mirada.
sólo las sucias lágrimas
y un desgarrado lamento.

Perdido el ritmo monocorde de su marcha,
se pudre en sí mismo y se oculta la cara.

Languidece trémulo
en recuerdos párvulos
pero homicidas.

Los ojos se le hinchan de miedo,
todo presagio le fue arrebatado,
asoman las fauces sus muertos
y se acomodan en primera fila
para verle las heridas.

Tropieza en sus pasos
y se abandona a su suerte,
exhala un sollozo
y se dispone a morir en mi almohada.


Efecto Secundario




Los camellos son animales muy tristes. Yo no lo sabía.

Todos estos días se han convertido en una sucesión de lágrimas y reproches que presionan mi pecho. Se han ido cayendo una a una mis vértebras. Todas las hojas se han empapado de ese olor a pavimento húmedo que tiene tu sonrisa.

Hay tres membranas que salen de mi mano y se adhieren a tu mirada. De pronto no sé hacia dónde voy. Trato de contener los suspiros que se escapan por mis poros. Como si transpirara tristeza. Hay un vago rumor de miedo que canto día y noche con voz metálica, pero sin brillo.

Ayer descubrí tres cicatrices nuevas en mis ojos. Duelen. Quise caerme y luego meterme bajo la mesa. Quedarme ahí, víctima de la ataraxia. Pero cuando iba a caer, alguien encendió la luz. Yo me distraje viéndote, como a una fotografía. Luego amaneció.

Cuando trato de cerrar los ojos, siento como si los párpados fueran pesados telones escarlata. Me da miedo no poder abrirlos. Así que no duermo y te extraño más horas al día.

Tengo muchos temblores deambulando por mi cuerpo, y el sólo hecho de permanecer de pie, presupone un esfuerzo mortal. Yo decidí quedarme acostada. De todas formas la joroba que me salió en la espalda no me deja caminar. Nunca imaginé que la tristeza tuviera ese efecto secundario.

A veces pienso en los camellos y siento tanta pena, que sonrío...

Pañuelo

De nuevo me sangran los labios... me estoy cansando de todo esto.

La semana pasada mientras me miraba al espejo pensé en ti. En como tus besos detenían la hemorragia.
Creo que te extrañan, sangran más ahora...
Es tan triste llorar por la boca y no por los ojos. Ayer, cuando desperté, había sangre en la almohada, y la mancha se parecía ti... lo juro, sobre todo en las orejas.

No quiero que pase más... al menos no tan seguido. He probado otros besos, sabes, pero no es igual, no tienen ese efecto coagulador de los tuyos... Hubo unos, incluso, que me hicieron sangrar más. No los volví a ver nunca...

Ahora que no estás, tengo miedo, no sé hacia donde ir, además, no tengo pañuelos, te los llevaste todos, y los de papel, dejan restos en mis labios, no me gusta... la otra vez salí a la calle con la boca llena de virutas de papel, no me había fijado... todos se me quedaron viendo raro, hasta que una señora muy dulce me dijo:
-disculpa, llevas algo en la boca- y me alcanzó un espejo.

¿Entiendes porqué te extraño?
Siempre andas un pañuelo, y cuando comenzaba a sangrar, me besabas y luego limpiabas con cuidado mi boca, me dabas el pañuelo y yo limpiaba la tuya. ¡Qué devoción nos teníamos el uno al otro! Mientras tanto nos mirábamos con dulzura.

Ayer te vi pasar de largo, ibas normal, como cualquier pez de arrecife... yo quise llamarte, pero sentí húmedos los labios, y claro, sabía el motivo... yo andaba una blusa blanca... ¿ves porqué no te llame?

Es imposible no sentirme triste ahora, veo los vidrios rotos en el suelo y pienso en tus ojos...

Aún no sé porqué me gritaste, era innecesario, yo habría entendido todo con un "chau" simple, de esos que me habías dicho alguna vez.
No me gusta que grites, me duelen las muelas cuando lo haces, además queda un zumbido en mi cabeza por días. Debe ser algún problema en tu voz. ¿Habrás ido, por fin, a ver al foneatra? No alcanzamos a ir juntos, que pena, yo quería explicarle como es el zumbido que provocas...

¡Uy qué suerte!
Mira, encontré un pañuelo bajo la cama... ya ves... siempre te quedas un poco cuando te vas...




Ven...


Cae la noche y se llena de silencio el aire.

Las paredes son extrañas, como si nunca hubieran estado rodeándome. Son una especie de barrotes que sangran si los tocas con la mirada.
No hay relojes en la casa desde que te fuiste, el tiempo se convirtió en una mueca repulsiva que no quiero mirar más, pero está ahí, tangible, recordándome a cada respiro tu ausencia.
No sé qué hago yo aquí aún. Porqué insisto acomodar los vasos de cartón que fuimos acumulando. Ahora nada tiene sentido. Sólo el eco, que es el único rastro de tu presencia.

(¿Adónde estarán los cerillos?)

Hace tantos días de esto... qué vértigo tocar las hojas en blanco que me gritan tu nombre...
Nada es real. Todo es como un reflejo que se ve en un charco, con figuras conocidas, pero no reales...
¿Cómo hiciste para irte tantas veces? Con una bastaba, una franca, una real, pero así... de a pocos, es cruel... pero ya te lo había dicho... ahora qué importa, si de todas formas te fuiste.
Otra huida falsa. Miro por la ventana y estás ahí, parado en el frío, en medio de la noche. Estás ahí viendo, adivinando el color de mis uñas, me ves de lejos y me hablas, yo veo tus labios moverse, y tus ojos, veo tus ojos y me veo ahí...

¿Porqué no me dejas irme a mí? Una vez... sólo por esta vez, deja que sea yo quien haga las maletas y se marche sin dejar besos dibujados en los papeles... Déjame una noche caer rendida a la realidad, salir airosa del desencanto, déjame dejarte en ese mundo que te aprisiona... dejame ser yo la que guarde silencio, la que no mira atrás. Déjame sin canciones, sin recuerdos que apilar en una atroz hoguera, sin lágrimas ahogadas en la garganta... Déjame, sin más... sin excusas...

Sigues ahí, de ese lado de la ventana, mirando... son rojas... no me mires más... ¿ya qué importa el color de mis uñas o este abrigo desteñido que apesta a tabaco? No mires más... lo sabes, tiemblo cuando me miras... ¿te lo digo otra vez?eres cruel...
Cruel como la mayonesa cuando está rancia, cruel como la última copa de vino... cruel como mirarte y decirte que te extraño, y corras de nuevo y me envuelvas en un abrazo... cruel como que te vayas y luego me extrañes, cruel como cuando regresas al mundo que odias... cruel como estas mil lágrimas ahogadas.

¿Porqué sigues afuera? Hace frío, con lo bien que se está aquí, sólo tú, yo, sin mundo, sin manos, sin muros, sin mordazas, sin cadenas, sin ropa, ¿aire? apenas el necesario para que nos respiremos...
Deja todo afuera... yo te espero y acomodo los vasos de cartón, yo te espero y no tengo reloj...

Ven...

De insomnios y otros parásitos




Voy de calle sin rumbo...
bordeando el vaso del silencio.

Alrededor un eco danza y me da vuelta
entorpeciendo mi andar...
como si de pronto el abismo
me mirara con dulzura,
como si el viento corriera por mis venas...

La melodía decadente de la noche
se marcha sin mí:
yo me quedo con mis brazos,
con los tentáculos de mi mente
atravesando las grietas del fantasma
que soy yo cuando el insomnio
muestra impúdico su corona
y esa mancha de hollín.

Se cierra el hastío en un círculo
indescriptible... francamente repulsivo,
Yo?? Sigo espectral viendo
las agujas del reloj caerse de espanto
a los pies de las lápidas de los sueños.

No cabe una sombra más bajo mi sábana
la habitación da vuelta y vuelta
dejándome vacía...
como si de pronto yo me abandonara
como si al fin lograra huir de mis pies.

Vacilo... titubeo...
me detengo y me arrincono
en la esquina de mi almohada.

Me desvanezco como el deseo
pero quedo presa del aire oscuro.

Cae el vaso al piso...
entonces yo... de nuevo maldigo y lloro.


No siempre ando de buenas.. y quéeee ??

No siempre ando de buenas.. y quéeee ??
 
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